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Caso real: Sucesión empresarial externa

Caso real: Sucesión empresarial externa servicios inform  ticos 300x232A un empresario de Zaragoza la vida le dio un vuelco inesperado. A lo largo de toda su vida había construido una empresa de servicios informáticos que tenía una buena cartera de clientes, que había conseguido y mantenido gracias a una esmerada política de calidad de servicio y de atención al cliente. Lo habían desarrollado junto con su esposa, que llevaba la parte administrativa, asegurando el back-office mientras él controlaba la operativa del servicio frente a los clientes.

Tenían un hijo y una hija, abogado él y médico ella, que se dedicaban a su vida profesional y nunca les interesó la empresa, por lo que el matrimonio, rondando los 60 años, se empezaban a plantear qué harían con la empresa cuando se jubilaran, apuntando a 10 años vista.

Pero el destino les obligó a adelantar sus planes. Un día ella tuvo un ictus que le impidió seguir trabajando y él no se vio con ganas ni fuerza para seguir batallando con la empresa y cuidando a su mujer a la vez, por lo que se puso a buscar soluciones para gestionarla o venderla.

Se trataba de una empresa muy personalista que funcionaba muy bien bajo su dirección, con un equipo técnico profesional pero dependiente de él, capaz de implementar las decisiones y soluciones que tomaba y diseñaba él, pero con poca iniciativa y resolutividad para organizarse por sí mismos. No había en la empresa ninguna persona con capacidad para sustituirle, ni siquiera con potencial para ello formándola, ya que había construido un equipo de segundos.

Intentó venderla pero, al no disponer de un buen equipo directivo no encontró inversores interesados. Tampoco quería contratar a un directivo externo para que la llevara, ya que sus hijos no tenían interés en la empresa y ahora él ya tampoco. Solo quería monetizarla vendiéndola pero no hallaba comprador. ¿Qué hacer?

Entonces se puso en contacto con nosotros al descubrir la alternativa de Sucesión Externa, que básicamente consiste en llegar a un acuerdo con un directivo con capacidad para gestionar y desarrollar la empresa y que tenga espíritu empresarial para adquirir las acciones y quedarse con ella.

La clave consiste, por un lado en buscar y encontrar a la persona adecuada e interesada, y por el otro en establecer un protocolo de incorporación paulatina del directivo a la empresa como socio, estableciendo unas condiciones y compromisos que sean de interés y rentables para todas las partes. Este Protocolo, además de asegurar los pactos entre empresario y directivo, también regulan los derechos de los hijos como herederos mientras el empresario disponga de acciones.

Con esta solución, el empresario asegura el buen funcionamiento de la empresa y, por tanto el cobro de dividendos por la parte de acciones que vaya manteniendo en cada momento, a la vez que consigue vender la empresa en el tiempo, todo ello invirtiendo esfuerzo solo durante el período de formación inicial y traspaso de funciones, tras el cual ya se retira.

Por su parte, el nuevo socio director tiene la oportunidad de conseguir la propiedad de una empresa ya consolidada, en vez de desarrollarla paulatinamente con los años, con una inversión inicial pactada asumible y pagando el resto con parte de la remuneración según se convenga, a la vez que dispone de un puesto de trabajo directivo en un sector que domina, asegurándose su futuro.

Este es uno de tantos casos de Sucesión Empresarial en las empresas familiares, en los que es importante que los empresarios consideren con tiempo y serenidad el futuro de su empresa tras su jubilación. Tanto si se cumplen las expectativas de retiro en el tiempo previsto como si acaecen situaciones inesperadas que lo aceleren, las opciones ya están previstas y se pueden implementar con rapidez, solucionando con un buen Protocolo los tres entornos involucrados: el familiar, el empresarial y la propiedad.

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